Real Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza.

C/Diego Tortosa nº 10

30530 Cieza (Murcia)  

cofradiahijosdemaria@yahoo.com   

 

 
NOTICIAS
 
HISTORIA
 
PROCESIONES
 
FOTOS
 
ENLACES

 

DURANTE LA SEMANA SANTA NUESTRA COFRADÍA DESFILA:

MARTES SANTO CON EL PASO DE LA SANTA CENA

JUEVES SANTO CON SU IMAGEN TITULAR,  NUESTRA SEÑORA DE GRACIA Y ESPERANZA.

SÁBADO SANTO: CON LA IMAGEN DEL TERCIO INFANTIL:"NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA EN LA RESURRECCIÓN"

DURANTE TODOS LOS DOMINGOS Y FESTIVOS DE MES DE OCTUBRE SE REALIZA EL REZO DEL SANTO ROSARIO.

 

MARTES SANTO

En la noche de Martes Santo se celebra el Prendimiento, una de las referencias obligadas de la Semana Santa ciezana, al que sigue la Procesión del mismo nombre. El Prendimiento (reflexión y representación del momento del apresamiento de Jesús en el Monte de los Olivos y de los hechos inmediatamente anteriores), por su plasticidad y carácter teatral, es la escena que más hondamente se graba en el espíritu de asistentes y partícipes, y su antigüedad se pierde en el tiempo junto con la del Paso Nuestro Padre Jesús Nazareno y los “Armaos” (Cofradía del Tercio Romano del Santo Sepulcro, antes Hermandad de la Convocatoria de Jesús), a los que siempre ha estado vinculado.

El Prendimiento como un Acto considerado en su conjunto, conjugaba en realidad tres partes diferenciadas: la escenificación o Prendimiento propiamente dicho, el Sermón, que según las épocas se intercalaba en la escenificación o la precedía, y la posterior Procesión.

Desde principios del s. XIX, cuando la Hermandad de la Convocatoria de Jesús (hoy Cofradía del Tercio Romano del Santo Sepulcro) era la encargada de su organización, y hasta 1935, año en que se ubicó definitivamente en la tarde-noche de Martes Santo (en la que ya se había celebrado en 1914, 1917 y 1918), el Prendimiento se celebró siempre en la tarde de Miércoles Santo, representándose en la Plaza Mayor ante el torreón de la Iglesia y en las calles colindantes, donde se concentraban hombres que, "vestidos con trajes de Judea, aguardaban impacientes el momento de prender a Jesús", y dónde, alertados por el toque de tambores y cornetas de esa tropa de "Armaos", acudía todo el pueblo para asistir a la escenificación y escuchar en el Sermón a los más ilustres nombres de la oratoria sacra de la época (entre los grandes predicadores del Sermón del Prendimiento destacaron las voces inconfundibles de los sacerdotes D. Francisco Vigueras Córdoba -en el siglo XIX-, D. Antonio Dato y D. Antonio Tormo -en el siglo XX-, y actualmente y desde hace tres décadas es imposible referirse al Prendimiento sin asociarlo indisolublemente a la figura de D. Antonio Salas, que fue distinguido por la Junta de Hermandades Pasionarias en 1995 con un nombramiento honorífico que lo reconocía como Predicador del Sermón del Prendimiento).

Con el correr de los tiempos, y quizás porque cada año se tornaba más difícil encontrar a quienes asumieran el papel de cada uno de los múltiples personajes, lo que pudo motivar a su vez el olvido y desaparición del texto original de la representación, del Acto del Prendimiento sólo ha permanecido inalterable la escena final, que quedó grabada en el acervo popular y cultural de nuestra Semana Santa: un breve diálogo entre el Sacerdote, que encarnaba la figura de Jesús, y el Capitán de los “Armaos”, mientras éstos caían sucesivamente rodilla en tierra, previo a la entrega del Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno que escoltado por los Armaos desfilaba a paso ordinario por su recorrido tradicional, quizás más corto que el del resto de Procesiones (de hecho, por sus peculiares características, no figura como Procesión propiamente dicha hasta mediado el siglo XX); así parecen aventurarlo los documentos que especifican que en los primeros años en que el Prendimiento tuvo lugar dentro de la propia iglesia el cortejo salía a la calle por la Puerta de Santa María.

En la segunda mitad del siglo XX, y a fin de crear un ambiente de mayor silencio y respeto, el Prendimiento comienza a celebrarse, como se ha anticipado, en el interior de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, que, no obstante, se demostró incapaz de albergar a la muchedumbre que se agolpaba dentro para repetir año tras año el ritual. Allí, la Cofradía de Jesús (Nazareno) titular del Paso Nuestro Padre Jesús Nazareno colocaba éste a la derecha del Altar Mayor, frente a su camarín, y por el pasillo central penetraban en el templo con gran marcialidad las huestes romanas lujosamente ataviadas. Concluido el Sermón, el Sacerdote demandaba por dos veces: "¿A quién buscáis?" y a cada una de ellas respondía altivo el Capitán de los “Armaos”: "¡A Jesús el Nazareno!; ¡Yo soy!, volvía a decir siempre aquel, y la tropa caía de rodillas a tierra en sendas ocasiones; ¿Para qué lo buscáis?, proseguía por tercera vez; y contestaba éste: ¡Para prenderlo!, consumándose el Acto cuando el clérigo finalizaba: ¡Aquí me tenéis; haced de mí lo que queráis!, dando así comienzo la Procesión.

Desde 1996 la Junta de Hermandades Pasionarias retomó la tradición de representar el Prendimiento en el marco de la Plaza Mayor y calles adyacentes. Para ello, y a partir de las referencias históricas y documentales recopiladas merced a distintas fuentes escritas y orales, se encargó la restauración del Acto, texto incluido, a D. José Rogelio Fernández Lozano, quien fiel a la concepción primitiva del Acto supo conjugar en perfecta simbiosis sus tres elementos: El Auto -decorados, iluminación y música al servicio de una representación cuyo momento álgido viene marcado por la impresionante entrada del Tercio Romano del Santo Sepulcro, los populares “Armaos”, en la Plaza y la aparición en el portón de la Basílica del Paso del “Nazareno”-, que tiene como protagonistas a los siete Pasos que intervienen en la Procesión, a los que cinco narradores ponen voz y, conforme avanza su relato, dan paso, precedidos de sus estandartes, hacia la Plaza, desde donde se incorporan sucesivamente a la Procesión; el Sermón del Prendimiento, previo al momento del apresamiento efectivo del “Nazareno” por los “Armaos”; y en tercer y último lugar la Procesión, que tiene su punto de partida en la propia representación (los Tercios infantiles y de nazarenos de cada Cofradía participante, así como las Bandas que los acompañan, se incorporan ya formados en la calle de salida de la Plaza).

Como se ha referido, desde su instauración en la Procesión del Prendimiento figuraba sólo el Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno que, escoltado por los “Armaos”, recorría la carrera al paso ligero marcado por el toque ordinario de los tambores. En 1965, y pese a las protestas de la Cofradía de Jesús (Nazareno), se sumó a esta Procesión el Paso El Beso de Judas (sustituido desde 1968 por el Paso El Prendimiento); y en 1973 lo hicieron los Pasos La Oración del Huerto (sustituido en esta Procesión entre 1987 y 1996 por el Paso La Unción de Jesús en Betania) y Ecce Homo, y en 1981 el Paso La Santa Cena, autorizándose además en esa década el desfile de los Tercios de nazarenos e infantiles de cada una de las Cofradías participantes; finalmente desfila también desde el año 2000 el Paso La Flagelación acompañado de los Tercios de su Cofradía. El Prendimiento como un Acto considerado en su conjunto, conjugaba en realidad tres partes diferenciadas: la escenificación o Prendimiento propiamente dicho, el Sermón, que según las épocas se intercalaba en la escenificación o la precedía, y la posterior Procesión.

Desde principios del s. XIX, cuando la Hermandad de la Convocatoria de Jesús (hoy Cofradía del Tercio Romano del Santo Sepulcro) era la encargada de su organización, y hasta 1935, año en que se ubicó definitivamente en la tarde-noche de Martes Santo (en la que ya se había celebrado en 1914, 1917 y 1918), el Prendimiento se celebró siempre en la tarde de Miércoles Santo, representándose en la Plaza Mayor ante el torreón de la Iglesia y en las calles colindantes, donde se concentraban hombres que, "vestidos con trajes de Judea, aguardaban impacientes el momento de prender a Jesús", y dónde, alertados por el toque de tambores y cornetas de esa tropa de "Armaos", acudía todo el pueblo para asistir a la escenificación y escuchar en el Sermón a los más ilustres nombres de la oratoria sacra de la época (entre los grandes predicadores del Sermón del Prendimiento destacaron las voces inconfundibles de los sacerdotes D. Francisco Vigueras Córdoba -en el siglo XIX-, D. Antonio Dato y D. Antonio Tormo -en el siglo XX-, y actualmente y desde hace tres décadas es imposible referirse al Prendimiento sin asociarlo indisolublemente a la figura de D. Antonio Salas, que fue distinguido por la Junta de Hermandades Pasionarias en 1995 con un nombramiento honorífico que lo reconocía como Predicador del Sermón del Prendimiento).

Con el correr de los tiempos, y quizás porque cada año se tornaba más difícil encontrar a quienes asumieran el papel de cada uno de los múltiples personajes, lo que pudo motivar a su vez el olvido y desaparición del texto original de la representación, del Acto del Prendimiento sólo ha permanecido inalterable la escena final, que quedó grabada en el acervo popular y cultural de nuestra Semana Santa: un breve diálogo entre el Sacerdote, que encarnaba la figura de Jesús, y el Capitán de los “Armaos”, mientras éstos caían sucesivamente rodilla en tierra, previo a la entrega del Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno que escoltado por los Armaos desfilaba a paso ordinario por su recorrido tradicional, quizás más corto que el del resto de Procesiones (de hecho, por sus peculiares características, no figura como Procesión propiamente dicha hasta mediado el siglo XX); así parecen aventurarlo los documentos que especifican que en los primeros años en que el Prendimiento tuvo lugar dentro de la propia iglesia el cortejo salía a la calle por la Puerta de Santa María.

En la segunda mitad del siglo XX, y a fin de crear un ambiente de mayor silencio y respeto, el Prendimiento comienza a celebrarse, como se ha anticipado, en el interior de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, que, no obstante, se demostró incapaz de albergar a la muchedumbre que se agolpaba dentro para repetir año tras año el ritual. Allí, la Cofradía de Jesús (Nazareno) titular del Paso Nuestro Padre Jesús Nazareno colocaba éste a la derecha del Altar Mayor, frente a su camarín, y por el pasillo central penetraban en el templo con gran marcialidad las huestes romanas lujosamente ataviadas. Concluido el Sermón, el Sacerdote demandaba por dos veces: "¿A quién buscáis?" y a cada una de ellas respondía altivo el Capitán de los “Armaos”: "¡A Jesús el Nazareno!; ¡Yo soy!, volvía a decir siempre aquel, y la tropa caía de rodillas a tierra en sendas ocasiones; ¿Para qué lo buscáis?, proseguía por tercera vez; y contestaba éste: ¡Para prenderlo!, consumándose el Acto cuando el clérigo finalizaba: ¡Aquí me tenéis; haced de mí lo que queráis!, dando así comienzo la Procesión.

Desde 1996 la Junta de Hermandades Pasionarias retomó la tradición de representar el Prendimiento en el marco de la Plaza Mayor y calles adyacentes. Para ello, y a partir de las referencias históricas y documentales recopiladas merced a distintas fuentes escritas y orales, se encargó la restauración del Acto, texto incluido, a D. José Rogelio Fernández Lozano, quien fiel a la concepción primitiva del Acto supo conjugar en perfecta simbiosis sus tres elementos: El Auto -decorados, iluminación y música al servicio de una representación cuyo momento álgido viene marcado por la impresionante entrada del Tercio Romano del Santo Sepulcro, los populares “Armaos”, en la Plaza y la aparición en el portón de la Basílica del Paso del “Nazareno”-, que tiene como protagonistas a los siete Pasos que intervienen en la Procesión, a los que cinco narradores ponen voz y, conforme avanza su relato, dan paso, precedidos de sus estandartes, hacia la Plaza, desde donde se incorporan sucesivamente a la Procesión; el Sermón del Prendimiento, previo al momento del apresamiento efectivo del “Nazareno” por los “Armaos”; y en tercer y último lugar la Procesión, que tiene su punto de partida en la propia representación (los Tercios infantiles y de nazarenos de cada Cofradía participante, así como las Bandas que los acompañan, se incorporan ya formados en la calle de salida de la Plaza).

Como se ha referido, desde su instauración en la Procesión del Prendimiento figuraba sólo el Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno que, escoltado por los “Armaos”, recorría la carrera al paso ligero marcado por el toque ordinario de los tambores. En 1965, y pese a las protestas de la Cofradía de Jesús (Nazareno), se sumó a esta Procesión el Paso El Beso de Judas (sustituido desde 1968 por el Paso El Prendimiento); y en 1973 lo hicieron los Pasos La Oración del Huerto (sustituido en esta Procesión entre 1987 y 1996 por el Paso La Unción de Jesús en Betania) y Ecce Homo, y en 1981 el Paso La Santa Cena, autorizándose además en esa década el desfile de los Tercios de nazarenos e infantiles de cada una de las Cofradías participantes; finalmente desfila también desde el año 2000 el Paso La Flagelación.

JUEVES SANTO

Con el traslado definitivo en 1935 de la Procesión General al Miércoles Santo, la tarde del Jueves Santo se reservó exclusivamente para la Comunión Pascual, para visitar los Sagrarios, y para asistir a los Actos y Horas Santas.

No será, por tanto, hasta 1976 cuando se llene ese vacío con la salida a la calle a última hora de la tarde de la Procesión de los Hijos de María, en la que desfila la Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza con su titular, un Paso de notable aire andaluz, al que acompañan también, desde mediada la década de los ochenta, las tradicionales “Manolas”, señoras vestidas de luto y ataviadas con la tradicional mantilla española.

Tres Jueves hay en el año que relucen más que el Sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el día de La Ascensión. Cieza en la noche del Jueves Santo supera el dicho.

        Jueves Santo es en Cieza un día de Esperanza y Silencio. Al caer la tarde se inicia la Procesión de los Hijos de María. En ti, Virgen de Gracia, encuentra Cieza la máxima expresión del sufrimiento materno. ¡Cómo te visten! Suave terciopelo para tu cuerpo bordado en oro y plata; regia corona sobre tu cabeza, y por manto un vergel de esperanza plagado de las fragancias de sus flores. Gerveras, Anturios, Orquídeas, Lilium, claveles, margaritas, nardos, rosas…, todas ellas nos ofrecen un jardín de oraciones realizado por las manos amadas de tus hijos.

        Madre nuestra, ¿cómo es posible tanta belleza en tu rostro? Te miro, contemplo esos ojos que me cautivan, que me miran con comprensión, que parecen tener vida. La luz de tu candelaria ilumina tu cara ¡Qué guapa eres!.. ¡Qué bien me siento sabiéndome bajo la protección de tu manto! Quisiera ser una simple flor para ir a tu lado en el camino.

        ¡No llores, Madre! Con qué mimo te están meciendo tus anderos, queriéndote atenuar el dolor que llevas dentro y secar tus lágrimas con sus túnicas y su esfuerzo. Pañuelo quiero ser para tu llanto. Déjame ser tu humilde pregonera. Un palio de amor resguarda tu desconsuelo y bajo el cimbreo de doce varales de plata se oculta tu pena. Hombres de riguroso negro y mujeres con teja y mantilla te acompañan, calle a calle, paso a paso, hasta regresar a tu casa, donde quedarás orando por nosotros.(Palabras extraídas del pregón 2006, realizado por la hermana de esta COFRADÍA Mª Ginesa Martínez Villa) 

 

 SÁBADO SANTO

Desde el año 2009 nuestra cofradía participa en la procesión infantil con la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza en la Resurrección.

ROSARIO DE LA AURORA

Como su mismo nombre indica, la hermandad de los hijos de María es ante todo devota y defensora del culto a la Virgen María, sus normas y reglas se ajustan en todo a las directrices actuales marcadas por el magisterio de la iglesia, recogidas en el Concilio Vaticano II y orientado por las últimas encíclicas de los papas recientes.

 

Desde la fundación de la hermandad se ha intentado potenciar el culto a la Virgen con el rezo matutino público y privado del Vía Crucis y el Santo Rosario. Con este fin y con el visto bueno del director espiritual y Vicario Episcopal, así como con la ayuda del párroco de la Asunción, a la sazón de don Santiago Guirao Costa, la hermanad recuperó y unió a sus obligaciones, aquellas que eran propias de la antiquísima Hermandad del rosario de la Aurora, cuya existencia en Cieza se remonta a los años anteriores a 1500.

 

Fruto inmediato de esta absorción fue la puesta en práctica del rezo público del Santo Rosario, cantado y meditado por las calles de Cieza, todos los domingos del mes de octubre y el día 12 de tal mes, festividad de Nuestra señora del Pilar.

 

Con fecha del 5 de octubre de 1975, tuvo lugar la primera salida procesional de Nuestra Señora por las calles de Cieza.

 

Esta práctica devocional se viene repitiendo desde entonces hasta nuestros días sin interrupción cada mes de octubre.